De acuerdo con el último reporte del Instituto de Agua, Medioambiente y Salud (INWEH) de las Naciones Unidas, comprender el costo medioambiental de la inteligencia artificial no depende únicamente de cuánta energía consume, sino también de dónde se genera esa energía y cuál es la fuente principal que la produce. Esto se debe a que el impacto ambiental varía según la matriz energética y los recursos utilizados para sostener la infraestructura digital.
Estas instalaciones albergan miles de servidores que requieren grandes cantidades de electricidad para el procesamiento, almacenamiento y transmisión de información. Sin embargo, el consumo energético no es el único desafío, ya que mantener operativa la infraestructura implica controlar el calor generado por el procesamiento, convirtiendo a la refrigeración en uno de los componentes más relevantes dentro del consumo total. Los centros de datos utilizan principalmente dos sistemas de refrigeración. El primero es la refrigeración evaporativa, que suele aprovechar fuentes hídricas cercanas (ríos o lagos) para disipar calor mediante evaporación. El segundo es la ventilación mecánica, que emplea grandes volúmenes de aire para disipar el calor. La elección entre estas tecnologías suele depender de factores como la ubicación geográfica, el tamaño del centro de datos y las regulaciones ambientales aplicables.
Además de ello, el reporte añade que los sistemas de almacenamiento requieren minerales críticos como litio, cobalto, galio y tierras raras, ya que su infraestructura está compuesta por servidores, GPUs y baterías. Esto evidencia que la minería del futuro no solo es usuaria de inteligencia artificial, sino también un proveedor estratégico de los minerales críticos que hacen posible esta infraestructura digital. En ese sentido, su contribución será clave para avanzar hacia una transición tecnológica más sostenible.
Actualmente, muchas operaciones vienen incorporando herramientas de inteligencia artificial para la optimización de procesos, el mantenimiento predictivo, recuperación de recursos, etc. Es aquí donde surge el reto de comprender los impactos indirectos asociados a la tecnología que las hace posible la inteligencia artificial. Una alternativa es incorporar estos impactos dentro del análisis de emisiones de alcance 3, considerando criterios asociados a proveedores tecnológicos y servicios digitales, como el origen de la electricidad utilizada por centros de datos, el consumo hídrico, la trazabilidad de minerales críticos o la gestión del hardware al final de su vida útil.
Desde el Hub buscamos poner sobre la mesa conversaciones que acompañen la transformación de la industria y amplíen la mirada sobre los desafíos que trae la adopción tecnológica. Comprender el costo ambiental asociado a la infraestructura digital permite avanzar hacia decisiones más informadas y una transición tecnológica que genere eficiencia, pero también sostenibilidad en el largo plazo. Porque construir la minería del futuro implica comprender y gestionar los impactos de toda la cadena tecnológica que la hace posible.
Angela Acosta Viñas
Ejecutiva de proyectos del Hub de Innovación Minera del Perú
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