Hace unas semanas participamos en una visita al ecosistema minero sueco junto a una delegación de representantes de Buenaventura, Poderosa y Nexa, organizada en conjunto con Business Sweden. Durante una semana conocimos distintos actores del ecosistema, sus experiencias y el desarrollo tecnológico que vienen impulsando. Pero, entre reuniones y visitas, hubo un espacio que se repitió todos los días y que fue clave en nuestra visita: el fika.
En Suecia, el fika es una pausa para tomar café y comer un bocadillo dulce; aprovechamos ese espacio para conversar, compartir lo que se viene trabajando desde Perú, intercambiar experiencias y conocernos. A lo largo de la semana nos reunimos con organizaciones como Swedish Metals & Minerals, NRI y Svemin; desarrolladores tecnológicos como Sandvik, ABB y SKF; y visitamos operaciones mineras como LKAB, Boliden y Viscaria.
Todos estos actores han sumado al desarrollo industrial que ha alcanzado Suecia, el cual se sostiene gracias a su articulación. Esta se refleja en modelos de inversión conjunta donde empresas mineras y grandes industrias destinan recursos para impulsar investigación, desarrollar tecnologías y generar innovaciones aplicadas a desafíos concretos.
Es inevitable querer preguntarse que pasaría si hubiera un modelo similar en Perú, es decir, contar con un fondo colaborativo para investigación e innovación minera, en el que empresas mineras, el Estado y grandes proveedores tecnológicos aporten a un fondo común. Estos recursos podrían canalizarse mediante concursos abiertos, permitiendo que pequeñas empresas, startups, investigadores y equipos de la academia desarrollen soluciones frente a desafíos concretos de la industria.
En Perú ya existen mecanismos que abren camino en esta dirección, como la Ley 30309 y fondos nacionales como ProCiencia y ProInnóvate, donde poco a poco las empresas mineras vienen encontrando nuevas formas de colaborar con la academia y otros actores. Pero, como nos comentaron varios de los actores, este modelo no puede partir únicamente de la tecnología; es vital conocer y entender los desafíos del sector. De esta manera, los recursos no se destinan a desarrollar tecnología por desarrollarla, sino a encontrar soluciones para problemas reales de la industria.
Quizás una de las principales lecciones de esta visita fue entender que la innovación no ocurre únicamente en los laboratorios, las operaciones o las salas de reuniones. También puede surgir alrededor de una taza de café, cuando diferentes personas se dan el tiempo para conversar, compartir lo que saben y entender los desafíos de otros. Al final, innovar también significa generar los espacios para encontrarnos, hacernos preguntas y construir juntos nuevas respuestas, tener un fika, que habilite un modelo colaborativo de inversión tan robusto con el de Suecia.
Angela Acosta Viñas
Ejecutiva de proyectos del Hub de Innovación Minera del Perú
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